Por Mario Osiris Benavides Morin
“No estaba tan equivocado Hitler”, me decía uno de mis más célebres profesores mientras charlábamos acerca de los judíos (Israel) y sus disparates. El pueblo judío vagó, fue exiliado, castigado y lo trajo Dios, dice La Biblia, de arriba para abajo antes de entregarles “La tierra prometida”. El Sionismo (del hebreo Sion, nombre bíblico de Jerusalén), ya como movimiento político buscó y consiguió el establecimiento de un estado para los judíos.Ese histórico “privilegio” que se adjudican los judíos de ser “el pueblo de Dios”, “los elegidos de Dios” o “los consentidos de Dios”, les hace creer que tienen derecho del exterminio total de toda “competencia racial” en el planeta.
Cabe aclarar, antes de proseguir, que NO TODOS LOS JUDÍOS concuerdan con esa ideología político-racial-religiosa totalitaria. Son los propios judíos comunistas (la izquierda política, pues) y los ortodoxos quienes exigen el cese inmediato de lo que reconocen como una “ocupación” de Israel a la Franja de Gaza. Inclusive en una de las imágenes que envié en la entrega de hoy, puede verse a ortodoxos judíos que se manifiestan contra los sionistas, comparando el Sionismo con el Nazismo. Lo mismo, cabe aclararlo también, pasa con los alemanes: NO TODOS LOS ALEMANES SON NAZIS, que quede bien claro.
En lo personal creo que La Biblia representa no sólo un documento de fe sino uno histórico imprescindible, y también opino que muchas de sus imprecisiones no tienen que ver con su origen sino, en buena medida, con el lenguaje e idiomas originales utilizados, sobre todo el lenguaje que ha caído en desuso, así como con los intentos ineficientes o insuficientes de los traductores y lingüistas en su afán de interpretar, en lugar de las metáforas y la substancia literaria, el significado literal desde el puente conceptual de hace dos milenios y más a la fecha, pero especialmente por toda la metida de manos, mutilaciones, transgresiones y “vejaciones” sobre todo que la Iglesia Católica ha cometido en contra del Libro.
Según La Biblia, el odio de los judíos (no todos) hacia los palestinos de Franja de Gaza tiene un origen. Abram (Abraham) deseaba tener descendencia, pero su esposa Saraí “no le daba hijos”, era estéril, así que ella misma le ofreció a su sierva (paradójicamente egipcia) llamada Agar para que engendraran un heredero. En este pasaje La Biblia dice que, por quedar embarazada, la sierva Agar “veía a su señora (Saraí) con desprecio”, según la propia Agar (como si no conociéramos a las mujeres, y no lo digo por misógino ni “machista” sino precisamente por realista), pero poco después la misma Biblia narra que Agar huye de Saraí porque “la afligía”. Ismael fue llamado el hijo de Abram con Agar.
Saraí, después llamada Sara, sí concibió con Abram un hijo de nombre Isaac, y fue justamente ahí cuando comenzaron los problemas. Sara obligó a Abram a que echara de su casa a la sierva Agar y su hijo Ismael “porque el hijo de la sirvienta se reía del hijo de la esposa, Sara”, así, textual. El chiste es que la sierva y su hijo son echados de la casa por una estupidez, por un sentimiento vacío de competencia racial, de ausencia de humanidad, ausencia de comprensión, falta de juicio. Empero, según La Biblia, Dios prometió hacer del hijo Isaac (de Sara, la esposa), todo un pueblo, pero “también del hijo de la sierva haré una nación”, sentenció.
Si el origen del odio de entre esas naciones (Israel y Palestina) es realmente ése, y cualquiera que fuera, entonces es demente, loco, ridículo, inmaduro, enfermizo. Me recuerda mucho al patrón rico o el hijo de la patrona ricachona o fresa (aunque ni tenga dinero) que embaraza a la empleada doméstica. Después se le persigue a la pobre muchacha embarazada, la hunden, la intentan borrar del mapa por esa deshonra, inclusive hasta la matan, la tratan como a un animal.
Todo odio racial, es claro, tiene origen en la enfermedad mental, en el desequilibrio mental, pero también en la ignorancia. Ya el solo acto del homicidio simple por cualquier origen estúpido también se le atribuye a un desorden mental y/o a la ignorancia. El odio, el racismo y todos los sentimientos más negativos se fundamentan en la ignorancia especialmente, pero sobre todo a la inmadurez para perdonar, para ofrecer corazón en lugar de un garrote cuando se fue herido en el pasado. Si inclusive los actos más criminales y dolorosos se han perdonado, ¿las riñas más estúpidas y ridículas no serían más fáciles de enterrar en el olvido?
Es por ello que debemos tener en consideración que el poder no debería estar en manos de cualquier ignorante, porque el dinero y el poder no son exclusivos de los eruditos ni los virtuosos; cualquiera puede tener dinero o poder, se sea ignorante o criminal, y acá en México eso es cosa mucho más fácil.
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